La evaluación, esa simple palabra que tanto nos
asusta a los estudiantes y que tan agobiados lleva a nuestros profesores año
tras año en estas fechas, se trata de un concepto de real importancia, pues es
una parte fundamental de todo proceso educativo o social, ya que con ella
podremos comprobar qué hemos conseguido, si aquello que nos propusimos se ha
llegado a alcanzar.
La evaluación, tal y como hemos trabajado en clase,
se puede entender desde diferentes perspectivas, las cuales trataremos de
explicar a continuación:
La
evaluación desde el enfoque tecnológico:
cuyo teórico más representativo fue Tyler. Este enfoque se centra en la
eficacia, en ver hasta qué punto los objetivos educativos han sido alcanzados,
es decir, se centra exclusivamente en la evaluación de los resultados.
La
evaluación desde el enfoque orientado a la decisión: cuyo teórico más representativo fue Stufflebeam.
Este enfoque le da la misma importancia a todo el proceso evaluativo, es decir,
recoge información antes, durante y después de la puesta en práctica del
programa educativo para poder adoptar decisiones sobre el mismo.
La
evaluación = valoración:
cuyo teórico más representativo fue Scriven, quien definía la evaluación como
el proceso por el cual estimamos el merito o valor de algo que se evalúa, es
decir, la entendía como la medición de la valía del programa educativo en
cuestión. Scriven realizo dos propuestas:
- La evaluación sin referencia a los objetivos: proceso evaluativo que no se ciñe a los objetivos del programa, es más, el evaluador los desconoce. Con esto el autor pretendía que el evaluador no estuviera condicionado por los objetivos y que así pudiera ver los efectos secundarios del programa evaluado.
- La evaluación sumativa y la formativa: las distinguía en base a la finalidad del programa, pues la sumativa pretender calificarlo y la formativa mejorarlo.
La evaluación
iluminativa: fue propuesta por
Parlett-Hamilton y considera que la principal función de la evaluación es la
descripción y la interpretación del desarrollo del programa educativo, más que
la valoración la predicción. Además,
considera imprescindible conocer el contexto del programa, la biografía del
sistema y la percepción subjetiva de todos los participantes.
Estudio de
casos: encontramos:
- La evaluación respondiente: fue propuesta por Stake y considera que el evaluador se debe poner a disposición de quien ha encargado la evaluación (lógica de cliente). La evaluación se considera eficaz si se orienta a las actividades más que a las intenciones, y su propósito consistirá en describir y ofrecer un retrato completo holístico del programa.
- La evaluación democrática: sus máximos representantes fueron Stenhouse, Eliott y McDonald. El propósito de esta evaluación es generar verdadera democracia y promover el cambio, modificando las concepciones, creencias maneras de interpretar de los participantes. Esta evaluación constituye un servicio de información a la comunidad sobre las características de un programa.


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